La Bicicleta Sumergida

¿Cuánto demoras en hacer una foto? es una pregunta que suelo recibir. Hay imágenes que se producen muy rápido, como si el universo se confabulara en tu favor. En tan sólo unos minutos formas en tu mente la idea general de la toma, la luz es perfecta, la combinación de elementos visuales es la correcta y como por arte de magia tienes la imagen que deseabas.

Sin embargo, la gran mayoría de las imágenes se demoran mucho más tiempo. Este fue el caso de la imagen “La bicicleta sumergida”.

En el mes de septiembre del año pasado mi amigo y buzo Martín Guglielminetti me escribió para comentarme que ese día, mientras guiaba a un cliente por uno de los arrecifes de Cozumel, encontró casualmente una bicicleta. El hallazgo fue sorpresivo, puesto que había buceado la zona incontables veces y jamás la había visto. Dedujo que la bicicleta llevaba un largo tiempo sumergida, ya que su estructura estaba completamente cubierta por corales.

La visión de una bicicleta en el medio de un arrecife de coral se le hizo suficientemente extraña y pensó, con buen tino, que sería un buen motivo fotográfico. No había terminado de contarme la historia, que yo ya estaba haciendo cálculos mentales para ver cuándo podría ir a Cozumel a fotografiar tan interesante hallazgo.

Afortunadamente en ese momento estaba terminando de dictar un curso básico de buceo y estaba en planes para llevar a mis alumnos a realizar sus buceos de certificación. Quedamos en encontrarnos e ir a bucear el sitio el viernes 30 de septiembre, justo antes de que llegaran mis buzos.

Gran fue mi decepción al llegar a la isla el día acordado. Martín tenía gripa! La gripa si bien es una enfermedad común y sin mayores complicaciones, impide la práctica del buceo durante su evolución, pues puede provocar lesiones en los oídos medios. Lamentablemente tuvimos que cancelar el buceo y desear poder tener una nueva oportunidad lo más pronto posible.

La nueva oportunidad llegó recién comenzado este año. Como Martín se regresa a vivir a su Argentina natal decidimos volver a encontrarnos en la isla antes de su partida a modo de despedida.

Estos días los dedicaríamos solamente a bucear y hacer fotografía subacuática sin ningún tipo de presiones. Las condiciones estaban dadas para poder retratar la famosa bicicleta. Pero para ello debíamos encontrarla primero…

Martín tenía una idea general del lugar y la profundidad aproximada, pero no el sitio exacto. Para tener mayores probabilidades de encontrarla decidimos saltar corriente arriba del sitio aproximado y una vez en el fondo, dejar que la corriente nos llevará suavemente hacia la bicicleta. Descendimos. En el fondo nos separamos unos 10 metros para tener un radio de rastreo más amplio y empezamos a nadar a favor de la suave corriente.

Los minutos comenzaron a transcurrir sin encontrar lo que estábamos buscando. El tiempo en fotografía subacuática es crítico ya que tenemos dos limitantes que nos corren constantemente: el suministro de gas para respirar y el tiempo de descompresión. Para el tipo de inmersión que estábamos haciendo sabíamos ambos que nuestros tanques serían suficiente para bucear 60 minutos, tal vez un poquito más. Sin embargo, con cada minuto que pasaba sin encontrar la bicicleta aumentaba el nivel de ansiedad. Así nadamos durante unos eternos 50 minutos sin ver más que corales y peces.

Cuando todo parecía indicar que no tendríamos éxito, se dejó ver. A pesar de la gran cantidad de corales que hicieron de ella su sustrato, aún mantiene la forma inconfundible. Se encontraba acostada sobre la arena y se podía distinguir claramente el cuadro, los ejes de los pedales y la rueda trasera, aunque no había rastros de la restante rueda.

¡No había tiempo que perder! Mi computadora en ese momento me indicaba que sólo tenía 5 minutos para entrar en descompresión. Era mi primer contacto con el elemento a fotografiar, así que rápidamente determiné cuál era el mejor encuadre desde el punto de vista fotográfico y me posicioné en un extremo de la bicicleta enfrentando la corriente. Como lo habíamos acordado previamente, Martín haría de modelo junto a la bicicleta. Mientras yo hacía los ajustes de velocidad, apertura del lente y potencia de los flashes, mi compañero trataba según mis indicaciones de posicionarse lo mejor posible, lo cual resultó ser una tarea más complicada de lo previsto, puesto que la corriente constantemente lo movía de lugar. Sin embargo y a pesar del poco tiempo que tuvimos, logré hacer una decena de tomas.

El tiempo se agotó, debimos volver a la superficie y esperar que las capturas obtenidas, lograran transmitir la imagen que tenía preconcebida. La espera entre las fotos y su posterior revisión en la computadora suele ser un tiempo de bastante ansiedad para un fotógrafo, más si se sabe que se tiene una imagen potencialmente atractiva o de calidad.

Lamentablemente, los resultados no fueron los que deseaba. La gran mayoría de las imágenes no servían por una u otra razón: poca luz, mucha luz, mucho sedimento, la posición del modelo no era elegante o le había “cortado” una aleta, etc. De todo el grupo sólo una de las tomas me pareció bien, pero no estaba para nada convencido con el resultado obtenido. Era evidente que tendríamos que hacer una segunda inmersión para lograr la toma deseada.

Al día siguiente, nos dirigimos nuevamente en búsqueda de la bicicleta. La experiencia obtenida previamente y el intercambio de ideas que tuvimos durante la noche previa nos llenó de confianza sobre las altas posibilidades de éxito de esta nueva sesión de fotos. Esa confianza nos hizo olvidar un detalle: ¡el mar siempre tiene guardadas sorpresas!

Saltamos al agua nuevamente corriente arriba de la bicicleta, pero esta vez más cerca para no perder tanto tiempo hasta llegar a la bicicleta y de esa manera contar con más tranquilidad al momento de hacer la foto. Grande fue nuestra sorpresa cuando llegamos al fondo. La corriente, que normalmente corre de sur a norte, esa mañana cambió diametralmente su dirección, y se dirigía al sur. Nos encontramos ante la disyuntiva de cancelar el buceo o nadar contra la corriente hasta hallar la bicicleta. Afortunadamente la corriente era leve y decidimos hacer el intento.

Bucear contra la corriente siempre es un trabajo físico extenuante y esta vez no fue la excepción. Para colmo de males, el gran volumen de mi cámara subacuática aumentaba el nivel de resistencia al avance y tuve que hacer uso de todas mis fuerzas para avanzar. Metro a metro, lentamente progresábamos lo más pegados que nos era posible al fondo para disminuir la fricción con la corriente. A medida que corría el tiempo el nivel de resistencia era menor, la ansiedad mayor y las esperanzas de llegar hasta la bicicleta se iban esfumando.

Revisé mi computadora. Nuevamente estaba a sólo escasos 10 minutos de entrar en descompresión. Revisé mi manómetro. Aproximadamente unos 8 minutos de gas. Por lo visto el dios Poseidón había decidido que esta tampoco sería la inmersión para lograr el objetivo.

Nuevamente, cuando todo parecía indicar que tendríamos que volver a la superficie con las manos vacías, la encontramos. Nos tomamos un momento para recuperar un poco el aliento y manos a la obra para construir la imagen.

En ese momento el mar volvió a hacer travesuras. Unos segundos después de haber llegado a la bicicleta nadando contra la corriente, la misma cambió y empezó a correr como casi siempre lo hace. Parecía increíble, todo el esfuerzo que habíamos hecho para llegar al sitio y ahora la corriente nuevamente se comportaba como hubiésemos querido que lo haga desde un principio. Los que hace mucho estamos en contacto con el mar sabemos que esto es así. El mar tiene personalidad, a veces agradable, a veces furiosa y a veces, como hoy, tiene un espíritu bromista. Nos miramos con Martín y pude adivinar en sus ojos lo que estaba pensando. Me reí por dentro y me puse a tomar fotos.

La experiencia del buceo anterior fue invaluable y en esta ocasión las cosas fluyeron mejor. Rápidamente Martin se posicionó como le había pedido y eso me dio oportunidad de hacer la toma más eficazmente. Me aseguré, con el poco tiempo que nos quedaba, de realizar varios disparos para asegurarme que la imagen final fuera la deseada.

Era momento de volver. Mi reserva de gas estaba en cero. Como habíamos previsto esta eventualidad, decidimos que Martín llevara un tanque extra para que los dos tuviéramos la tranquilidad mental de saber que tendríamos gas de sobra para completar la inmersión de forma segura. Así que empecé a respirar desde ese tanque, completamos nuestra larga parada de seguridad y llegamos a la superficie con la felicidad de saber que habíamos logrado el objetivo propuesto.

La fotografía subacuática es extremadamente dificultosa. No sólo se requiere entender y aplicar las técnicas fotográficas que demandan cualquier tipo de fotografía, sino que previo a ello y, ante todo, se debe tener siempre presente que uno está inmerso en un medio ambiente complejo y riesgoso, por lo que la experiencia, planificación, preparación mental y física y el conocimiento de los aspectos técnicos del buceo y del medio ambiente son esenciales para desenvolverse de forma eficaz y segura. Afortunadamente para mi me encontraba con mi amigo Martín, quien lleva más de 30 años buceando y con quien me entiendo perfectamente.

Detrás de toda fotografía de naturaleza y subacuática existe normalmente una enorme cantidad de desafíos que debieron ser superados para lograrla. Los invito a reflexionar, la próxima vez que contemplen una foto de este tipo, no sólo sobre el valor estético de la imagen sino también sobre todo el trabajo y esfuerzo que representó crearla.

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